Es que acaso el derecho a la honra, al honor y a la buena reputación, consagrados en el Art. 12 de la Declaración Universal de los derechos del hombre y también recogidos en nuestra Constitución, es de inferior importancia que cualquier otro derecho?? Porque de eso se trata. Todo abuso verbal o escrito basado en rumores, en fuentes sospehosas o no fidedignas, o en simple mala fe tiende a la injuria o a la calumnia, delitos contemplados y debidamente tipificados en nuestro Código Penal y amparados por nuestra Carta Magna que atentan contra la honra y el buen nombre de la persona implicada en una información o noticia lesionante de su integridad moral. Es que acaso vale más el derecho a la libre expresión mediante y gracias al cual estoy delinquiendo, causando grave e irreparable daño moral, con o sin causa o fundamento, destrozando vidas, nombres, trayectorias, reputaciones, que hoy por hoy están tan venidas a menos pero que cuestan toda una vida ganárserlas??Es justo eso acaso, digo yo??? Recuerdo sabias palabras del Dr. Jorge Zavala Baquerizo, brillante jurista y tratadista ecuatoriano especialista en la rama penal, en su libro “El debido Proceso Penal” en las que expresaba, refiriéndose a los bienes jurídicos DEL hombre y a los bienes jurídicos EN el hombre que la Ley y la Constitución deben tutelar, y uno de ellos era la reputación y la honra, como un bien EN el hombre, como algo ínsito en él, como parte de su esencia como persona y como ciudadano. Por tanto, pregunto yo, es justo, proporcionado, equitativo y cuerdo sobreponer el un derecho sobre el otro?? El supuesto mal o daño que me hace o haría el no poder expresar con libertad mi opinión, lo que pienso, lo que creo, lo que defiendo es infinitamente menor que el que causa su abuso. Es decir, todo vale con tal de salvar a la tan manoseada y poco comprendida y practicada “libertad de expresión”?? Por favor!!…Cuántas veces comunicadores sociales comprometidos con la causa, verdaderamente independientes, de vocación y corazón, han tenido que renunciar o salir despedidos de tal o cual medio por puros principios, o porque su forma de pensar independiente o su opinión o criterio disgusta o no conviene a quienes fungen como directivos del canal o a sus propios dueños?? O quienes no tienen otra opción que soportar LA VERDADERA MORDAZA que se da y muchas veces CASA ADENTRO, y tener que callar, o decir otra cosa en contra de su juicio y criterio?? Vamos…¿de que libertad de expresión o falta de coacción hablamos?, son unos verdaderos hipócritas(me refiero a los medios en general)…“Las políticas y normativa que harán parte de este sistema no podrán intentar moldear o intervenir en la formación de la opinión pública ni el proceso de definición de las preferencias políticas de los ciudadanos”... rezaba uno de los inefables artículos del anteproyecto de César Montúfar, Vamos!! Como si la prensa no intentara con sus medios moldear esa misma opinión pública, no digo, pura hipocresía…Acaso la prensa puede hacer y decir lo que le da la regalada gana sin nadie que la oriente, guíe y regule??? Si la información o noticia careciera de los requisitos de objetividad e imparcialidad de los que tanto hacen mención y se ufanan rasgándose las vestiduras, esto es, veracidad, verificalidad, contextualidad, y pluralidad de fuentes, eso sí sería un verdadero insulto a la libertad de expresión y otro tanto a la inteligencia e ingenuidad del receptor de esa noticia, nada veraz, no verificada, fuera de contexto por muchas veces obvios y mezquinos intereses y sacada de una sola fuente denigrando así, verdaderamente, el uso de esa libertad que tanto defienden y tanto invocan.Se regula y se protege los derechos, y yo pregunto, quién tutela los derechos violentados por abuso de la misma cacareada y en muchas formas ilusoria libertad de expresión?? Quien sanciona eso??? Quien regula los deberes y obligaciones de los medios?? Quien denuncia e impulsa los posibles delitos de injuria y calumnia cometidos???...madguo
miércoles, 9 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y OTROS DEMONIOS...
Una de las más delicadas y valiosas formas de libertad es la libertad de expresión, malentendida y mal practicada muchas veces, junto con la de comunicación e información, que parecieran referirse a primera vista a un mismo derecho o libertad mas, en mi concepto y opinión, no funciona de esa manera. En primer lugar, la expresión es el acto mediante el cual el ser humano (y el animal también) manifiesta y hace brotar desde su interioridad todo aquello que justamente tiene que ver con ese mundo interior, invisible pero tangible a través de los mensajes que a diario dejamos entrever de diversas formas, verbales, corporales, escritas, gestuales, artísticas que incluyen esos mundos opulentos de expresión llámese pintura, música, poesía, literatura, escultura, danza, etc. mundos abstractos pero reales construidos a base de pensamientos, ideas, creencias, sentimientos, emociones, gustos y repulsiones, sueños, proyecciones, ensoñaciones, en fin, todo aquello que forma parte de nuestra imperfecta individualidad y esencia como reflejo y calidad de entes humanos pensantes y sensibles que somos, y que deja una impresión o huella en quien recibe tal etérea manifestación.Ahora, analizando y desglosando un poco el tema, con respecto a la comunicación, yo puedo comunicarme de dos formas: de manera voluntaria e intencionada con miras a transmitir un mensaje puntual a un receptor específico individual o colectivo, puedo hacerlo a través de cualquiera de los canales descritos y señalados anteriormente; la restante opción es hacerlo de manera involuntaria, inconsciente, inevitable e inesperada en muchos casos y reveladora y decidora (en todos) de estados de ánimo y mente del emisor quien se descubre sin quererlo ni desearlo ante el receptor o receptores de ese mensaje mayormente gestual o corporal a veces leído entre líneas de un texto o transmitido tan solo con una mirada o un bostezo.El informar y ser informado (si vamos a referirnos puntualmente al papel de la prensa) es la ecuación comunicacional mediante la cual el informante da noticia, transmite el acaecimiento de un hecho específico de cualquier índole y narra en tiempo y espacio específicos todos sus detalles, sostenidos y bemoles y emite (a veces) un criterio sobre el tema en cuestión, de manera subjetiva e individual. Eso por un lado, por el otro está la recepción de la noticia y posterior juicio, criterio, reacción y análisis de la misma por parte de quien recibe dicha información, recepción que se ve inevitablemente contaminada por el ánimo, ideas preconcebidas sobre el asunto, religión, filosofía o ideología, por el poco o mayor criterio o madurez alcanzados por el receptor, etc.. Ecuación cuyo resultado muchas veces es incierto, ambiguo, no pocas veces distorsionado y siempre subjetivo, sin perjuicio del pensamiento “masa”.Por lo tanto, el derecho a mi libertad de expresión es amplísimo como lo es la cantidad y variedad de formas que poseo y puedo valerme para expresarme, no así los otros derechos que, entendidos en su justa medida y sentido, no abarcan la inmensidad, la ricura y belleza de su fuente. Comunicar o informar implica responsabilidad por lo que se transmite (con la excepción de la comunicación inconsciente e involuntaria que he descrito, por supuesto), están implícitas la ética, la moral, la conciencia, la dignidad y engendra como cualquier acto humano regido y regulado por las leyes en virtud de la misma responsabilidad que conlleva e involucra tal acto, derechos y obligaciones. El derecho a la información o a ser informado hila más fino puesto que, si bien tengo ese derecho, de que manera lo ejerzo o puedo ejercerlo o reclamarlo? de que quiero ser informado?? De que deseo enterarme?? Cómo deseo hacerlo?? Quién o quienes pueden o deben hacerlo, con que regularidad y en que medida o intensidad?? O es una mera formalidad o un mero cliché político social??? Pienso que entra a estas alturas la entera subjetividad, necesidad (o necedad) y conveniencia de cada ciudadano.
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