Una de las más delicadas y valiosas formas de libertad es la libertad de expresión, malentendida y mal practicada muchas veces, junto con la de comunicación e información, que parecieran referirse a primera vista a un mismo derecho o libertad mas, en mi concepto y opinión, no funciona de esa manera. En primer lugar, la expresión es el acto mediante el cual el ser humano (y el animal también) manifiesta y hace brotar desde su interioridad todo aquello que justamente tiene que ver con ese mundo interior, invisible pero tangible a través de los mensajes que a diario dejamos entrever de diversas formas, verbales, corporales, escritas, gestuales, artísticas que incluyen esos mundos opulentos de expresión llámese pintura, música, poesía, literatura, escultura, danza, etc. mundos abstractos pero reales construidos a base de pensamientos, ideas, creencias, sentimientos, emociones, gustos y repulsiones, sueños, proyecciones, ensoñaciones, en fin, todo aquello que forma parte de nuestra imperfecta individualidad y esencia como reflejo y calidad de entes humanos pensantes y sensibles que somos, y que deja una impresión o huella en quien recibe tal etérea manifestación.Ahora, analizando y desglosando un poco el tema, con respecto a la comunicación, yo puedo comunicarme de dos formas: de manera voluntaria e intencionada con miras a transmitir un mensaje puntual a un receptor específico individual o colectivo, puedo hacerlo a través de cualquiera de los canales descritos y señalados anteriormente; la restante opción es hacerlo de manera involuntaria, inconsciente, inevitable e inesperada en muchos casos y reveladora y decidora (en todos) de estados de ánimo y mente del emisor quien se descubre sin quererlo ni desearlo ante el receptor o receptores de ese mensaje mayormente gestual o corporal a veces leído entre líneas de un texto o transmitido tan solo con una mirada o un bostezo.El informar y ser informado (si vamos a referirnos puntualmente al papel de la prensa) es la ecuación comunicacional mediante la cual el informante da noticia, transmite el acaecimiento de un hecho específico de cualquier índole y narra en tiempo y espacio específicos todos sus detalles, sostenidos y bemoles y emite (a veces) un criterio sobre el tema en cuestión, de manera subjetiva e individual. Eso por un lado, por el otro está la recepción de la noticia y posterior juicio, criterio, reacción y análisis de la misma por parte de quien recibe dicha información, recepción que se ve inevitablemente contaminada por el ánimo, ideas preconcebidas sobre el asunto, religión, filosofía o ideología, por el poco o mayor criterio o madurez alcanzados por el receptor, etc.. Ecuación cuyo resultado muchas veces es incierto, ambiguo, no pocas veces distorsionado y siempre subjetivo, sin perjuicio del pensamiento “masa”.Por lo tanto, el derecho a mi libertad de expresión es amplísimo como lo es la cantidad y variedad de formas que poseo y puedo valerme para expresarme, no así los otros derechos que, entendidos en su justa medida y sentido, no abarcan la inmensidad, la ricura y belleza de su fuente. Comunicar o informar implica responsabilidad por lo que se transmite (con la excepción de la comunicación inconsciente e involuntaria que he descrito, por supuesto), están implícitas la ética, la moral, la conciencia, la dignidad y engendra como cualquier acto humano regido y regulado por las leyes en virtud de la misma responsabilidad que conlleva e involucra tal acto, derechos y obligaciones. El derecho a la información o a ser informado hila más fino puesto que, si bien tengo ese derecho, de que manera lo ejerzo o puedo ejercerlo o reclamarlo? de que quiero ser informado?? De que deseo enterarme?? Cómo deseo hacerlo?? Quién o quienes pueden o deben hacerlo, con que regularidad y en que medida o intensidad?? O es una mera formalidad o un mero cliché político social??? Pienso que entra a estas alturas la entera subjetividad, necesidad (o necedad) y conveniencia de cada ciudadano.
martes, 8 de diciembre de 2009
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