En realidad, casi todos somos ignorantes de nuestra propia sabiduria, bueno, más bien no es una ignorancia propiamente dicha, es un simple y dramático olvido, una autohipnosis autoimpuesta para jugar el juego de la vida...y hacerlo más divertido a medida que vas recordando y despertando. El despertar y el recuerdo de sí está en relación directamente proporcional al estado actual de tu conciencia, y dicho estado depende de que tan apegado estés a tus creencias e ilusiones, entendiendo éstas como aquello que no es real, que es efímero, impermanente, irreal. Si tú crees que es posible, es definitivamente posible. Si no lo crees jamás lo será hasta que empieces a abrir las ventanas de tu percepción e intuición y las puertas de tu mente y de tu corazón donde yacen los tesoros del cielo y de la tierra y todo el conocimiento y sabiduría del universo. Es cuestión de tomar conciencia, ver y observar hasta que punto nuestra propia mente, prejuicios, creencias, apegos de toda índole nos limitan constriñen, y encontrar un poco de valor y coraje para ver e ir donde nadie comúnmente vé o va…Es verdad que desconocemos mucho, en teoría, mas muchos existencialistas materialistas argumentan y aseguran que solo se puede conocer a través de los sentidos, la observación y experimentación del mundo externo y su entorno, dando como un hecho su dudosa realidad y existencia, sin tomar en consideración de que mientras más profundicemos y nos perdamos en este juego de los sentidos y de la mente más ignorantes somos de quienes somos y de lo que ya sabemos, del saber y la experiencia íntima y última de cada ser humano, del verdadero conocimiento profundo y eterno, de verdades expeditas e irrefutables que solo pueden y deben ser consideradas y conocidas a base de la experiencia personal de cada uno.
No confundamos percepción sensorial e información y datos que provienen de ella y del mundo exterior cuya realidad verdadera y existencia damos por sentada, con conocimiento y sabiduría puros que no requieren de ella ni del mundo externo ni de la interacción social, aunque sí, su desarrollo y desenvolvimiento dependerán grandemente de aquella, es obvio, el entorno marca hasta cierto punto al individuo pero definitivamente no es totalmente determinante. Lo que prima es lo que llevamos dentro, y esta preeminencia está comprobada científica e históricamente e teorías y estudios serios y profundos como en hombres notables, genios irresolutos, personajes que salieron de la media y del anonimato gracias a ese impulso, a esos genes, alma, espíritu, esencia o el nombre que deseen darle a ese ser que yace y vive dentro y a través de cada uno de nosotros, y ese ser, llámenlo, Dios, quintaesencia, divino espíritu, atman, chispa o fuego divinos, (el nombre realmente es lo de menos no así su vibrante realidad) ya lo sabe todo. Y ese ser somos nosotros. Solo que lo hemos olvidado. El cerebro es un simple receptáculo de todas las experiencias sensoriales que nos brindan los datos e información del mundo de afuera, y con esto no se ha descubierto el agua tibia, tomando en consideración y en cuenta que a través de él podemos experimentar y recibir enseñanzas de distintos y muy elevados estados de conciencia. Somos mucho más que un cuerpo físico y una mente, somos espíritu puro y como tal ya poseemos la información y el conocimiento suficientes y desbordantes como para crear, vivir, trasformar, trascender, transmutar, amar…les propongo un simple ejemplo, para los cuales soy muy malo, debo reconocer, el de una flor o de un fruto, su diminuta semilla ya contiene toda la información de las raíces, de sus pétalos, de su aroma, de su belleza, no necesita interactuar para ser lo que es y será, y en el caso de un salvaje, éste no puede desarrollar su infinito y magno potencial dormido en su interior por falta de un entorno adecuado y congruente y de su inevitable estado evolutivo presente. Una flor cuya semilla no es regada o es dejada en el camino o en terreno pedregoso, tal cual la parábola de Jesús, jamás podrá florecer, o pensemos en el caso del ADN que posee toda la información del ser humano descubierta y por descubrir o la de los gametos masculino y femenino, espermatozoide y óvulo, donde se hallan latentes toda la estructura físico biológica y psíquica del ser humano. En general, podemos concluir que todo es cuestión de grados y evolución y que el Universo espera pacientemente ser buscado, encontrado y reconocido en el microcosmos de aquel ente maravillosamente complejo y extraordinario: el ser humano.
No confundamos percepción sensorial e información y datos que provienen de ella y del mundo exterior cuya realidad verdadera y existencia damos por sentada, con conocimiento y sabiduría puros que no requieren de ella ni del mundo externo ni de la interacción social, aunque sí, su desarrollo y desenvolvimiento dependerán grandemente de aquella, es obvio, el entorno marca hasta cierto punto al individuo pero definitivamente no es totalmente determinante. Lo que prima es lo que llevamos dentro, y esta preeminencia está comprobada científica e históricamente e teorías y estudios serios y profundos como en hombres notables, genios irresolutos, personajes que salieron de la media y del anonimato gracias a ese impulso, a esos genes, alma, espíritu, esencia o el nombre que deseen darle a ese ser que yace y vive dentro y a través de cada uno de nosotros, y ese ser, llámenlo, Dios, quintaesencia, divino espíritu, atman, chispa o fuego divinos, (el nombre realmente es lo de menos no así su vibrante realidad) ya lo sabe todo. Y ese ser somos nosotros. Solo que lo hemos olvidado. El cerebro es un simple receptáculo de todas las experiencias sensoriales que nos brindan los datos e información del mundo de afuera, y con esto no se ha descubierto el agua tibia, tomando en consideración y en cuenta que a través de él podemos experimentar y recibir enseñanzas de distintos y muy elevados estados de conciencia. Somos mucho más que un cuerpo físico y una mente, somos espíritu puro y como tal ya poseemos la información y el conocimiento suficientes y desbordantes como para crear, vivir, trasformar, trascender, transmutar, amar…les propongo un simple ejemplo, para los cuales soy muy malo, debo reconocer, el de una flor o de un fruto, su diminuta semilla ya contiene toda la información de las raíces, de sus pétalos, de su aroma, de su belleza, no necesita interactuar para ser lo que es y será, y en el caso de un salvaje, éste no puede desarrollar su infinito y magno potencial dormido en su interior por falta de un entorno adecuado y congruente y de su inevitable estado evolutivo presente. Una flor cuya semilla no es regada o es dejada en el camino o en terreno pedregoso, tal cual la parábola de Jesús, jamás podrá florecer, o pensemos en el caso del ADN que posee toda la información del ser humano descubierta y por descubrir o la de los gametos masculino y femenino, espermatozoide y óvulo, donde se hallan latentes toda la estructura físico biológica y psíquica del ser humano. En general, podemos concluir que todo es cuestión de grados y evolución y que el Universo espera pacientemente ser buscado, encontrado y reconocido en el microcosmos de aquel ente maravillosamente complejo y extraordinario: el ser humano.

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